¿Trabajas para vivir o vives para trabajar?

Desde pequeños nuestros padres nos inculcan que al crecer debemos desarrollar una carrera y trabajar duro para obtener una casa, un carro y comodidades que nos permitan vivir de una manera cómoda. Sin embargo, muchas veces distorsionamos el concepto de trabajar para vivir bien y simplemente vivimos para trabajar, haciéndonos nosotros mismos esclavos del trabajo.


Si tú eres un workaholic presta atención a las enfermedades que tu adicción al trabajo puede desarrollar:


  • El síndrome del trabajador quemado, o burnout: Es un estado de agotamiento mental, emocional y físico que se presenta como resultado del estrés crónico a causa del trabajo y si esto no es identificado y tratado a tiempo puede derivar en incapacidad laboral.

  • Depresión: El trabajar más de 8 horas al día incrementa en 3 veces el riesgo de sufrir depresión.

  • Enfermedades cardiovasculares: El trabajar demás eleva el riesgo de un ataque cardiaco en 67%.

  • Diabetes: El sedentarismo y tener un horario cambiante elevan el riesgo de obesidad lo cual es un factor de riesgo para la diabetes.

  • Osteoartritis: Realizar actividades repetitivas sin hacer pausas adecuadas daña los cartílagos y las articulaciones.

  • Problemas gástricos: El estrés constante y los cambios de horario alteran los procesos digestivos que se presenta desde diarrea y estreñimiento hasta intestino irretable.


Si estas no fueron razones suficientes para que cambies este patrón, debes saber que el exceso de trabajo también afecta la relación entre padres e hijos, lo que dificultad tu comunicación con ellos; y el matrimonio porque uno o los dos le da más importancia a sus carreras o ambiciones económicas que a su relación.


Recuerda, tu motivación para trabajar debe ser tu deseo por contribuir con la sociedad, tu desarrollo profesional y/o la retribución económica que por ello puedes recibir, pero nunca debe estar por encima de tu estabilidad personal o familiar.